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Las malas hierbas

El nombre de malas hierbas debería ser cambiado por el de plantas adventicias. Porque, si bien estas plantas quizás no salgan en los lugares adecuados ó en los momentos oportunos, si que cumplen una función dentro del ecosistema del jardín como veremos más adelante.

Las malas hierbas mezcladas dan un compost excelente. Quien las arranca y las pone como cobertura vegetal entre las plantas cultivadas, está mejorando el suelo con estas plantas silvestres llenas de fuerza. Cuando se emplean de esta manera se debe tener la precaución de emplearlas cuando todavía no se han polinizado, porque sino estaremos contribuyendo a la distribución de semillas.

Con la presencia de las llamadas malas hierbas se muestra la composición de un suelo. Quien arranca con esfuerzo las raíces fuertemente ancladas del ranúnculo bulboso, debería interpretar esto como un aviso; su suelo tiende al encharcamiento y es impermeable. Ranúnculos, acederas y llantenes son señales de suelos pesados e impermeables. Aconsejan al jardinero cuidar urgentemente su tierra y mejorar el humus. En cambio, donde se extiende la verde y suave manta de la hierba de los canarios (Stellaria), el jardinero puede estar contento. Esta mala hierba le enseña que su suelo está suelto y es rico en humus. Mostaza silvestre, hierba mora, ortiga y cuajaladre, revelan un suelo rico en nutrientes y elevado contenido en nitrógeno. Es decir, que las malas hierbas no crecen por casualidad. Algunos de estos rebeldes salvajes pertenecen a los pioneros que imperturbablemente conquistan terrenos en los que las condiciones vitales son demasiado duras para naturalezas más tiernas. Algunas de estas plantas pioneras son, por ejemplo, el diente de león y los cardos. Y con sus raíces profundas aflojan el suelo endurecido y suben además nutrientes de capas profundas. Los parásitos pertenecen a la policía sanitaria del jardín. Las malas hierbas curan malas condiciones del suelo. Todas estas propiedades equilibrantes ya las conocían las generaciones de agricultores que dejaban sus campos un año en barbecho. En este tiempo las hierbas silvestres se apoderaban otra vez del suelo. Lo regeneraban por sus numerosas secreciones. Acumulaban nitrógeno y otros nutrientes. Atravesaban la tierra y dejaban atrás un suelo migajoso y aireado.

Para eliminar estas malas hierbas existen herbicidas específicos que no perjudicarán a nuestras plantas si empleamos la dosis correcta de aplicación. Pero también existen unas sugerencias para evitar estos problemas sin tener que recurrir a productos químicos. Estas son:

Por un lado al trabajar la tierra es aconsejable que las primeras capas del suelo queden enterradas, puesto que es en estas capas donde se encuentran las semillas de las malas hierbas.

Por otro lado al plantar nuestro jardín podemos acondicionar el suelo colocando una malla o tejido que  venden en los centros especializados que dificulta la germinación de las plantas.

Podemos utilizar el mulching, el cual consiste en colocar por encima de la tierra una capa de hojas muertas, paja, o cualquier material para realizar el mismo efecto que el tejido del que hablábamos con anterioridad. Este material puede utilizarse para decorar nuestro jardín, por ejemplo podemos emplear grava de distintos colores formando dibujos o formas, también podemos emplear corteza de pino quedando zonas muy decorativas, etc.

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